La experiencia más gratificante de mi vida

lizandro nuñez picazo

Aprendizaje de infancia

Todos tenemos recuerdos de gente que nos marca para siempre. Desde que nacemos, si tenemos fortuna, nuestros padres estarán ahí para darnos cariño, protección y educación para afrontar el futuro sin ellos. Nuestros abuelos mantienen un régimen similar, pero con mucho amor y consentimiento para sentirnos apapachamos cuando más lo necesitemos, incluso si ya no están con nosotros.

Los hermanos sirven para aprender a defendernos cuando peleamos, a entender como funcionan las relaciones de amistad y compañerismo con gente de nuestra edad y a controlar la frustración al salirse con la suya en alguna travesura que nos achacan a nosotros por ser menores. Pero hay una relación que impone respeto en ti, pero que está abierta a preguntas y de la cual aprendes mucho a través del tiempo.

Maestros claves en aprendizaje

Los maestros son claves en el aprendizaje de cualquier persona del mundo. Todos hemos tenido excelentes profesores, que gracias a su pasión por enseñar pueden llegar a marcar el camino de tu vida, llevándote a estudiar una carrera acorde a lo que te enseñó o maestros malos, que te juzgan e intimidan por sentirse superiores a ti y los demás.

Hoy quiero contarles la historia de una maestra que, a pesar de un inicio complicado, todo terminó en una lección de vida que jamás podré pagarle. Era segundo de secundaria, momento donde el cuerpo inicia su cambio y las personas de tu edad pueden llegar a ser crueles. Mi vida en ese entonces era tranquila, con preocupaciones menores como terminar la tarea a tiempo o ir a jugar futbol con todos mis amigos.

Momentos de rebeldía injustificada tuve varios en ese entonces. Bromas pequeñas a mis amigas o burlas sin sentido entre amigos eran parte de, pero cuando empecé a dejar de hacer las cosas que tenía por falta de ganas fue cuando la escuela se comenzó a complicar.

Disputas con mis maestros por faltas relacionadas a tareas fueron frecuentes en un par de meses, y la maestra de matemáticas estaba harta de mi conducta sin vergüenza alguna. Reportes llegaban a casa sin ser vistos por mis papás y más problemas suscitaban. Hasta que la maestra Tena habló conmigo. Me hizo ver en un par de minutos hablando que lo que hacía era simplemente para llamar la atención de mis padres que estaban enfocados en una de mis hermanas, debido a un reciente accidente que había tenido.

Cuando esto surgió en mi mente, pensé en hacer algo para remediarlo. Hablé con mis padres de la situación que la maestra había mencionado y comencé a tomar acciones para solucionar mis calificaciones. Adriana Tena vio mi determinación y me animó a seguir por ese camino. La álgebra fue un paso muy sencillo para mi después de todo y sin la ayuda de mi mentora jamás hubiera podido aprender todo lo necesario para afrontar la preparatoria de excelente manera.

Al final del curso, era costumbre que los maestros dieran un discurso sobre lo que más valoraban de nosotros y la suerte que nos deseaban para lo que venía. Sin embargo, yo tomé la palabra y le di las gracias, por animar a un alma en duda a salir adelante y que fue ella la que me hizo ver que el mundo no estaba perdido, al contrario, yo podía con los obstáculos que vinieran en mi vida y que jamás iba a olvidarla por ello. Lagrimas brotaron inesperadamente de ella, me respondió que era su vocación y que había sido yo el que se había esforzado para cumplir con lo que debía.

La vocación del maestro siempre se debe enfocar en apoyar a sus alumnos. Ponerles obstáculos y animarlos a superarlos con aprendizaje y constancia siempre será la manera de enseñar y que te recuerden por siempre con mucho cariño y admiración.

Lo innovador de todo es que ahora puedes calificar a tus profesores en misprofesores.com (cosa que antes no existía) lo cual hubiera sido bueno para decirles lo maravillosa que era mi maestra.